Se va por las ramas. Lejos de poner los puntos sobre las íes, el presidente Ollanta Humala prefirió hacerse el desentendido y no responder directamente espinosas interrogantes sobre Omar Chehade. Cuando la prensa, convocada en Palacio de Gobierno, le preguntó en cuatro oportunidades si se sentía defraudado por la actuación de su aún vicepresidente o intimidado por algún secreto que este le conocía, no se salió de su libreto. "Los únicos que tienen la facultad de desaforar o renunciar al cargo de vicepresidente o congresista son el propio interesado y el Parlamento (...) Respeto la presunción de inocencia", manifestó.