No es la primera vez y todo indica que tampoco será la última. Nuevamente, el ministro de Agricultura, Miguel Caillaux, hizo gala de su poca tolerancia y de sus malos modales. ¿El motivo de sus exabruptos? La investigación que lleva a cabo la Comisión de Fiscalización del Legislativo sobre diversos casos en los que el empresario ganadero y miembro del gabinete habría incurrido en conflicto de intereses.En esta ocasión fueron las interrogantes sobre la adquisición de 1,200 hectáreas de terreno en el proyecto Olmos, a través de su empresa Negociación Agrícola Jayanca, en 2001, las que sacaron de sus casillas al ministro, quien acusó a los legisladores de "satanizar" a los empresarios y dar la imagen de que se trata de "corruptos e ineficientes" que llegan al Estado para negociar."Nos molesta realmente que nos hagan perder el tiempo con estas estupideces", sentenció, y aunque luego ofreció disculpas, no dejó de quejarse porque -según dijo- desde que asumió el cargo ha dedicado gran parte de su tiempo para buscar las pruebas que sustenten sus descargos.