En Puno se respira temor. Es como si el suelo temblara a cada instante sin saber cuándo va a venir el remezón más fuerte. Hay protestas por todas las calles, los aimaras han recorrido casi toda la ciudad con marchas que llevan el mismo mensaje: "No a la minería". Los pobladores de Puno, más que por convicción, están apoyando el paro por miedo. Los negocios están cerrados, las madres no dejan que los niños salgan a las calles; los pocos vendedores ambulantes que hay esconden su mercadería al escuchar las estruendosas protestas; los hoteles han colgado en sus ventanas mensajes de apoyo al paro y los que no lo han hecho se han sometido a las pedradas. Por la noche, todos los hoteles se mantuvieron sin encender sus luces. Es común ver también cómo se agrede a latigazos a los pobladores que no apoyan la protesta.Los bancos y las cajas rurales han sido vilmente atacados. Los manifestantes, aprovechando la inacción de la policía y de los militares autorizados por el presidente García a resguardar el orden en la zona, atacaron y quemaron a su paso los locales de la Gobernación, la Sunat y Aduanas. En todas estas dependencias los huelguistas incendiaron mobiliario, computadoras y documentación.En las oficinas de la Contraloría General de la República incluso secuestraron por unas horas a 14 trabajadores. El local del Ministerio Público y algunos vehículos de la Policía también fueron apedreados.