La toma de la ciudad de Puno por más de 13 mil campesinos procedentes de las provincias de Yunguyo y Chucuito, como medida de presión para que el Gobierno anule las concesiones mineras, ha originado la escasez de alimentos de primera necesidad.Los comerciantes, por temor a ser víctimas de eventuales saqueos, suspendieron la venta de todo tipo de productos hasta nuevo aviso. Esta medida afecta también a los huelguistas que no tienen con qué alimentarse. Las provisiones que trajeron no son suficientes. La presencia de manifestantes en la Plaza de Armas se ha convertido en un problema de salud pública. Como no hay servicios higiénicos necesarios, parques y calles se han convertido en letrinas; y como el servicio de recojo de basura está suspendido, las calles están sucias.