Advertidos los aspirantes a la jefatura del Estado de que a una semana de la votación el más mínimo error podría costarles la elección, en la noche del debate repitieron sus propuestas de gobierno, machacaron los eslóganes de su campaña y evitaron la confrontación. Las preferencias electorales no variarían dramáticamente como resultado del encuentro en el hotel Sheraton.Ollanta Humala recibió el fuego nutrido de Alejandro Toledo que en repetidas ocasiones lo vinculó con la línea ideológica de Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega. Pero no respondió. Tampoco cuando aludió a Madre Mía, la base contrasubversiva que comandó Humala durante cuya gestión supuestamente se cometieron violaciones de los derechos humanos. El postulante de Gana Perú, como un poseso, prefirió leer lo que había llevado. Ninguno de los pullazos lo distrajeron de su decisión de seguir a pie juntillas el guión y optó por no contestar directamente los cuestionamientos. Parecía que actuaba de ese modo para los electores que lo miraban por televisión o escuchaban por radio, y no para sus contrincantes del hotel Sheraton.