.Las mayores emociones del debate de anoche estuvieron al principio y al final. Temprano, cuando Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski trataban de avanzar a trompicones hacia la puerta del Colegio Médico en medio del caos generado por las "portátiles’, y un periodista yacía en el suelo luego de haber sido pisado por la camioneta de Ollanta Humala.Y al final, primero cuando Toledo reveló que se había hecho el examen toxicológico que sus rivales le reclamaban. Y, minutos después, cuando Ricardo Noriega sacó la metralleta y disparó contra todos: ninguno de los cinco grandes quedó en pie. Fue tan disparatado lo suyo, daba tanta risa, que terminó en aplausos.Porque todo lo demás fue lo mismo -y, quizás, mucho menos- de lo que vimos en la exposición de propuestas organizada por El Comercio. Las mismas ideas fuerza; las mismas coincidencias y las mismas discrepancias.Toledo, destacando su experiencia de gobierno y justificando su intento de regresar a Palacio con el argumento de "la agenda pendiente". Keiko Fujimori, repitiendo que las reformas que hizo su padre posibilitaron el crecimiento de ahora. Luis Castañeda, concentrado en su propuesta bandera: la Carretera de los Andes. Humala, crítico del sistema político y económico. Y Pedro Pablo Kuczynski, el menos intenso, enfocado en educación, infraestructura y "seguridad, seguridad, seguridad".