Parecía que todas las llamadas del mundo estuvieran dirigidas al número de teléfono de la casa de Nueva York donde está hospedado el nuevo Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa. Acertar que ingrese una llamada era poco más que sacarse la Tinka, juego de lotería peruano. Pero jugarla valía la pena, pues otros ya la habían ganado. Así que la suerte también sonrió para nosotros. Logramos contactarlo para la entrevista. La Academia le otorga el Nobel porque usted ofrece en sus obras “la cartografía de las estructuras del poder. En el fondo, ¿también es un reconocimiento a su posición política, a su pasión libertaria?Bueno, no sé; si no es así, encantado, yo feliz desde luego porque yo soy todo al mismo tiempo. Las cosas que escribo, las cosas que defiendo, las cosas que critico. Tengo la impresión de que el texto de la Academia se refiere al contenido de las novela mías más comprometidas con el tema político, en las que hay siempre una crítica al poder y la idea de que el poder debe ser controlado, porque si se lo deja actuar sin frenos, hay violencia, hay excesos y desaparece la libertad. Ese sí es un asunto bastante recurrente, sobre todo en mis novelas, donde se tocan los temas político y social. Me imagino que es a eso a lo que se refiere el texto de la Academia sueca. En todo caso a mí me ha gustado mucho que hagan esa descripción de mi obra porque creo que es bastante exacta. El tema de la crítica, de la rebeldía, de la insumisión frente al poder es un denominador común de una buena parte de lo que he escrito.(Edición sábado).