Después de permanecer varias semanas en cura de silencio, el empresario y corredor de autos César Cataño -cuyo verdadero nombre es Adolfo Carhuallanqui- reapareció ayer para reiterar, una vez más, que no ha incurrido en delito de lavado de activos ni tampoco tiene vínculos con el narcotráfico.Esta vez, sin embargo, Cataño sacó de la manga una inesperada carta para justificar que su fortuna ha sido bien ganada: El empresario contrató nada menos que al ex jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) Carlos Hamann para que realice una auditoría privada a dos de sus importadoras de autos usados.En declaraciones a RPP, Carlos García, abogado de Cataño, sostuvo al respecto: "Él [Hamann] que ha revisado todos los balances, todos los movimientos contables, fue contratado por nosotros cuando ya había dejado su cargo [en la UIF] y ha determinado que nuestra empresa ha movido más de 350 millones de soles en tres años".