Comunicore, la pequeña e ignota empresa involucrada en el sospechoso pago de S/.36 millones que la Municipalidad de Lima le adeudaba a la transnacional brasileña Relima, fue puesta en manos de presuntos testaferros poco tiempo después de esa jugosa operación -efectuada en enero de 2006- y, luego, desapareció del mapa. Alguien quiso borrar las huellas de uno de los actores de esa extraña gestión.Pero más extraño es que sus nuevos ‘directivos’ nunca ejercieron esa función y, peor aun, nunca se dieron por enterados. Alguien usó los nombres de tres humildes pobladores de zonas pobres de Comas para que figuraran como directores de una compañía que ya había cumplido su cometido y que tenía que desaparecer. Así se manejaron en Comunicore, beneficiada, en tiempo récord, con el pago de un dinero que la gestión de Luis Castañeda se había negado a pagarle, por varios años, a Relima. Este diario tiene evidencias de cómo tres presuntos testaferros fueron usados para desaparecer del mapa a Comunicore, beneficiaria de un pago que, hasta ahora, el alcalde no quiere explicar.