PUERTO PRÍNCIPE. Como si no fuera suficiente con la pobreza extrema, la guerra civil y una sucesión de gobiernos incapaces o francamente corruptos, ahora la misma muerte decidió cebarse con Haití. Porque eso, la muerte, y no un terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter, fue lo que golpeó el pasado martes este rincón olvidado del Caribe donde a nadie se le ocurre pasar sus vacaciones. La muerte le puso la mano encima del hombro a Haití y todo Puerto Príncipe, su triste capital, huele a cadáver en franca descomposición. Cinco días después del cataclismo, lo que queda de ciudad apesta y la gente saca sus cadáveres a la calle como si de sacar la basura se tratara. Y a falta de ambulancias o cualquier vehículo apropiado, los haitianos redondean la macabra comparación llevándose a sus muertos a donde sea en camiones compactadores de basura. Unas 250 mil personas rodean el aeropuerto para abandonar el país. Saqueadores hieren de gravedad a dos socorristas dominicanos. Peruanos rescatan a mujer que estuvo 80 horas sepultada. (Edición domingo)