Con la impune seguridad de que sus nombres y antecedentes se olvidarían en los viejos y raídos expedientes de la justicia, un grupo de peruanos que militó en el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) -y que vivió o aún vive en Chile, Bolivia y Venezuela- llegó a tejer sólidos vínculos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para recibir -directamente o a través de personas y movimientos bolivarianos radicales en estos tres países- padrinazgo político y adoctrinamiento (de una organización terrorista proscrita), patrocinio económico (procedente de actividades ilícitas como el narcotráfico y el secuestro) y acceso clandestino a sus campamentos en la selva (en Colombia y Ecuador).Esta es la preocupante conclusión que se extrae de los correos que El Comercio publica hoy y que representan una pequeña parte de los 107 archivos de la memoria electrónica de "Raúl Reyes" con información sobre el Perú. Las misivas dejan en claro que, entre el 2001 y el 2007, unas 30 personas allegadas o con probada militancia en el MRTA visitaron los campamentos de las FARC.