GOBIERNO ACEPTA DEROGACIÓN DE LOS DECRETOS 1090 Y 1064
16 de junio de 2009

No fue un abrazo cualquiera. Cuando ayer, a las 3 de la tarde, el premier Yehude Simon y la dirigente indígena Lidia Rengifo sellaron el acuerdo con el que el Gobierno cedía en su empeño de imponer los decretos legislativos para la selva a como hubiera lugar, no se dieron ese medio abrazo con el que las dos partes de un conflicto suelen posar ante las cámaras. Se estrecharon el uno al otro, con los dos brazos, fuerte. Simon lucía conmovido. Rengifo, durísima negociadora, parpadeaba emocionada.Tres horas antes, el ministro Antonio Brack había comunicado la decisión del Ejecutivo ante un auditorio compuesto por 30 dirigentes indígenas de la selva central, todos ellos afiliados a la Aidesep. Hasta entonces, los nativos tenían los rostros graves y apoyaban en silencio lo que decía su vocera.Pero, cuando el titular de la cartera del Ambiente hizo el anuncio, en el comedor de la base militar de San Ramón, Junín, donde se desarrolló esta escena, solo se oyeron aplausos. Y algunos indígenas, pero solo unos pocos, dejaron escapar tímidas sonrisas. A poco de empezar, la reunión entre los nativos y la comisión presidida por Simon no parecía prometer demasiado éxito. Lo primero que hizo Rengifo -una brava indígena yanesha del valle de Palcazu- fue preguntarle al premier si era verdad que iba a renunciar. Y lo dijo en un tono tal, que parecía que se lo estaba pidiendo."Eso es absolutamente cierto", respondió el jefe del gabinete, desatando una serie de murmullos entre la prensa que lo acompañó desde Lima, los que aumentaron cuando agregó que, una vez resuelta la crisis, pondría su cargo a disposición en la medida en que hacerlo le diera tranquilidad al país.