El ingreso a sangre y fuego de un grueso número de efectivos policiales a la Curva del Diablo, en Bagua, para desalojar a los indígenas atrincherados en esa parte de la carretera Fernando Belaunde, ha conseguido restablecer el tráfico de esta vía, controlar las ciudades de Bagua Grande y Bagua Chica, y también ha logrado replegar a los pueblos awajún y wampis, antes llamados jíbaros, que ahora lloran la pérdida de sus hermanos.Sin embargo, en el resto de la amazonía las distintas etnias estarían preparando nuevas acciones de lucha para exigir la derogatoria de los decretos legislativos que atentan contra sus derechos. Sin embargo, queda en el aire la reacción que tomarán frente a la muerte y desaparición de un número hasta hoy indeterminado de sus hermanos.