Hubo ayer dos lecturas distintas sobre un mismo incidente: el disparo de dos granadas tipo RPG contra la base militar de Pichari (en La Convención, Cusco), justo cuando pretendía alzar vuelo el helicóptero en el que viajaba el general Francisco Contreras, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, junto con una comitiva que integraban, además, dos periodistas (uno del diario Perú.21 y otro de la revista Caretas).Una fue la del ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, quien comentó que dicho atentado demostró que los altos mandos también están presentes en la zona de combate. "Esto acredita que nuestros generales no están en su escritorio, sino que también van a los lugares de combate y acompañan a nuestra gente joven que lucha por la patria", declaró.