En el Perú parece una ironía llamar "chorreo" al justo anhelo de redistribuir la riqueza con más equidad empezando por los más pobres. El término lo acuñó el presidente (2001-2006) Alejandro Toledo, alentado por un crecimiento del PBI que ya lleva 89 meses sin parar, aunque ahora lo hace a menor velocidad por la crisis mundial. Sin embargo, este desarrollo no benefició a todos los peruanos. Se calcula que 11 millones son pobres y de ellos casi 4 millones son llamados pobres extremos, por sobrevivir con menos de tres soles al día. En su auxilio, el Gobierno ha elevado el presupuesto de los programas sociales hasta S/.4.300 millones. Lo terrible es que todo ese torrente de dinero no mejorará la vida de los más pobres. Mucho se perderá en el camino burocrático y en gente no tan urgida, porque hasta ahora no se tiene un padrón que identifique con nombre y apellido a cada uno de los beneficiarios.