No se condice la firme postura presidencial para promover las inversiones con las recientes decisiones en torno al principal organismo encargado de ello, Pro Inversión. Tal situación debe ser aclarada. En lugar de recortarle el presupuesto y quitarle más prerrogativas --lo que ha propiciado la renuncia del director ejecutivo David Lemor-- lo que reclama la grave coyuntura actual es promover aún más las inversiones en nuestro país.El primer mandatario ha dicho en diversas oportunidades que "necesitamos más inversión, más empleo y mejores servicios Para ello abrimos nuevos mercados mediante los tratados de libre comercio y nuevas áreas para la inversión dentro del país". Es una cuestión de coherencia, pero también de necesidad práctica, para reforzar nuestra capacidad de reacción ante las repercusiones recesivas de la crisis financiera mundial, que han obligado a los líderes de los países desarrollados a tomar severas medidas conjuntas de contención. Es cierto que hemos avanzado bastante, pero queda aún mucho por hacer en el ámbito de las inversiones, dentro del modelo económico que impulsa y favorece la afluencia de capitales. Además de superar prejuicios ideológicos, no podemos dejar pasar la oportunidad de aprovechar el bien ganado prestigio de país estable y atractivo para las inversiones, que nos costó tanto reconstruir en el gobierno anterior y que nos coloca en mejor posición que el resto de países del área.El tema es, pues, muy serio y delicado. Aparte de la personalidad de Lemor, que tuvo una destacada actuación en la ardua negociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos y luego resultados notables en Pro Inversión, lo que está en juego aquí, en el fondo, es el futuro del país.Tenemos un gravísimo e histórico déficit de infraestructura, que se calcula entre 22 mil millones y 30 mil millones de dólares, lo que reclama una solución congruente a través de concesiones con la participación del sector privado o de asociaciones público-privadas, cuyo marco legal tiene aún que perfeccionarse. Adicionalmente, hay una sinfín de nichos productivos y de servicios (en agroindustria, exportaciones no tradicionales, turismo interno y receptivo, entre otros rubros), que tienen que ser promovidos por un organismo central como Pro Inversión, con un norte claro y sin duplicar funciones, para propiciar la mayor participación del sector privado.Es momento de definiciones y deslindes, por lo que el tema debe tener prioridad en el plan de gobierno que debe presentar ante el Congreso el nuevo jefe del Gabinete, Yehude Simon. Si la prioridad es crecer, crear empleo masivo y digno, reducir decididamente la pobreza y mejorar la calidad de vida de los peruanos, pues eso no llega por arte de magia. Exige un flujo continuo y cualitativo de inversiones, lo que a su vez demanda el mantenimiento del modelo económico, reglas de juego claras y estabilidad política y jurídica, pero también un organismo central eficiente y confiable como Pro Inversión.