Por más esfuerzos que hacen, Jorge Garavaglia y Antonio Tello no recuerdan cuántas charlas han dado para informar a diversos auditorios el impacto que tendrá Camisea dentro de la economía peruana. Sin embargo, los ejecutivos de la belga Tractebel y la argentina Pluspetrol, respectivamente, recuerdan con cierto malestar que el público recibía su mensaje como si se tratara de una posibilidad aun lejana.Garavaglia recuerda que los esfuerzos desarrollados por la empresa para atraer la atención de los grandes y pequeños industriales con el objetivo de explicarles los beneficios económicos de Camisea en sus empresas era todo un reto. Es más, hasta los principales funcionarios de las transnacionales tuvieron que fungir de vendedores. "La explotación y comercialización del gas natural iba en serio esta vez", decían.Sin embargo, los meses han pasado y la indiferencia se ha transformado en ansiedad. El gas ya está en Lima y todos quieren tenerlo, incluso zonas que, por cuestiones de infraestructura, no podrán tener acceso a él en el corto plazo, como algunas pesqueras chimbotanas o distritos de Lima alejados del ducto principal del gas.