En los últimos 25 años, el consumo final de energía en el país ha mostrado un patrón de crecimiento constante, con algunas excepciones importantes. En el 2020, la pandemia del covid-19 causó una significativa caída en la demanda energética. Tras ello, el consumo se recobró rápidamente y en los dos años siguientes registró un crecimiento acelerado impulsado por la recuperación económica. A partir del 2023, los indicadores se vuelven más representativos para analizar las principales tendencias e impactos en las políticas energéticas. De acuerdo con el Balance Nacional de Energía 2024, presentado por el Ministerio de Energía y Minas (Minem), en ese año se observó que los hidrocarburos continuaron siendo una fuente fundamental para el desarrollo de las actividades económicas, especialmente en el sector transporte, con una participación progresiva del gas natural. Por otro lado, se registró un cambio moderado hacia fuentes de energías más limpias, lo que se evidenció en la reducción del consumo de lenal en el sector residencial, favorecida por un mayor acceso a energías más eficientes, como la electricidad y el gas licuado de petróleo (GLP).