La eventual derrota electoral de la izquierda ante Keiko Fujimori es un trago amargo que será difícil de digerir. No solo porque Roberto Sánchez no pudo ganar a una candidata que llegaba de perder las últimas tres elecciones, sino porque plazas que hace cinco años respaldaron con convencimiento su causa, con el ahora condenado Pedro Castillo a la cabeza, esta vez le dieron la espalda. Sánchez, nacido en Huaral, centró su campaña en adoptar la imagen del profesor chotano. En toda actividad política aparecía la foto de Castillo al lado del congresista. El líder de Juntos por el Perú (JPP) usó hasta el sombrero cajamarquino y nombró sus viajes como “la ruta castillista”. Su plan, sin duda, era capitalizar para sí mismo el voto que había llevado a Castillo Terrones, hoy preso por golpista, a ser mandatario. Parecerse a él, vestirse como él y exigir su libertad —pensó el legislador— le asegurarían los votos para ganar. Sin embargo, la realidad le dio un portazo en la cara. El voto extranjero fue protagonista en los comicios de este año porque le permitió a Fujimori remontar los resultados, pero no fue determinante para inclinar la balanza a su favor. (Edición domingo).