La reciente fuga en uno de los ductos de Transportadora de Gas del Perú (TGP) paralizó industrias y tensionó el abastecimiento de gas natural en el país. El incidente, que afectó la línea que transporta el recurso desde la planta Malvinas (Cusco) hacia Lurín y Cañete, puso sobre el tapete una pregunta inevitable: ¿qué pasaría si Camisea dejara de operar no por días, sino por meses? La respuesta no solo involucra al gas, sino también a la electricidad, el transporte, la industria y los precios. El impacto económico sería de gran envergadura, considerando que Camisea abastece el 96% del mercado nacional de gas natural, el 70% del GLP y cerca del 40% de la generación eléctrica del país, según datos de Pluspetrol, operador del consorcio. El exministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi, afirmó que, paradójicamente, Camisea transformó al Perú, pero también lo volvió dependiente de un solo sistema de transporte energético. “Un problema con el único ducto dejaría al país en una situación muy difícil”, advirtió en una entrevista para la plataforma Hablemos de Energía. El exfuncionario explicó que, durante años, el país construyó competitividad y energía barata sobre una fuente que nunca fue reemplazada ni diversificada suficientemente.