EL MERCADO Y LA CRISIS DEL GAS
22 de mayo de 2026

Por Iván Alonso, economista. La economía peruana creció 3,2% en marzo con respecto al mismo mes del año pasado. Ha sido una grata sorpresa porque se esperaba que la rotura o deflagración que paralizó el transporte de gas por el gasoducto de Camisea durante 13 días afectara la producción industrial y otras actividades, restando, aunque sea, unas décimas al crecimiento. Grata, sin duda, ha sido la noticia, pero no debería ser una sorpresa para quienes entiendan y, sobre todo, confíen en el funcionamiento del mercado. El cierre del gasoducto causó una caída de 39%, casi proporcional a su duración, en la producción de gas natural. Obviamente, no tiene sentido sacar el gas de la tierra si no hay cómo llevarlo a las centrales eléctricas que lo utilizan como combustible o a las plantas donde se envasa para consumo doméstico. El impacto fue diferente para diferentes usuarios. La prioridad que se le dio al transporte público hizo que la producción de gas natural vehicular cayera solamente 27%, mientras que el suministro a los generadores eléctricos cayó 56%. La producción de electricidad, sin embargo, subió más de 2%. La caída en la generación de energía con gas natural fue más que compensada por el aumento en la producción de las centrales solares. La alarma de tantos comentaristas por el hecho de que el país dependa, supuestamente, de un solo gasoducto ignora que el propio sistema eléctrico tiene la flexibilidad necesaria para superar una interrupción del suministro de gas o de cualquier otro combustible, poniendo a trabajar a otros tipos de centrales. Puede haber un solo ducto de gas, pero hay suficientes líneas de transmisión para llevar energía de distintos orígenes a cada destino. En eso consiste un sistema interconectado.