NO ES MODERACIÓN, ES ARTIMAÑA
22 de mayo de 2026

En las últimas semanas, conforme parecía cada vez más claro que entraría a segunda vuelta, el candidato Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) comenzó a ensayar una imagen de moderación para encandilar a los electores más escorados al centro. No es la primera vez que vemos algo así. Rápidamente, uno recuerda a Ollanta Humala en el 2011 cambiando el polo rojo por el blanco, pero también a Pedro Castillo hace apenas cinco años, diciendo que Vladimir Cerrón no sería visto “ni siquiera de portero” en su gobierno, para luego constatar que el hoy prófugo de la justicia armaba gabinetes e imponía ministros, como aquel recordado del “agua arracimada”. En el caso de Sánchez, hasta ahora, su intento de metamorfosis ha pasado, en primer lugar, por pretender distanciarse de Antauro Humala, su socio político y al que no tuvo reparos en acercarse antes de la primera vuelta para rascar algunos votos (los suficientes al menos como para ingresar al balotaje) y, en segundo lugar, por reciclar a varios `técnicos' del gobierno de Pedro Castillo –del que él mismo formó parte– para vendernos el cuento de que tiene algo parecido a un plan de gobierno solvente. La jugada, sin embargo, es tan burda e impostada que basta con escuchar las declaraciones del nuevo vocero en temas económicos de su campaña, Pedro Francke, para notar que se contradice abiertamente con el proyecto de Sánchez.