Por Jorge Zapata Ríos, presidente de la Confiep.Si había un proceso electoral en el que la ONPE no podía fallar era este. Lamentablemente falló, y de forma grosera, dejando esta secuela de desconfianza en el sistema electoral que se une a un descrédito previamente instalado alrededor de otras instituciones. El efecto del sostenido deterioro institucional se hace en extremo crítico, pues una democracia representativa solo puede funcionar adecuadamente si la ciudadanía confía en sus instituciones.Tenemos un nudo que, por complejo que resulte, es imperativo desatar. La gobernabilidad de los próximos cinco años está en juego. El desafío es grande y demanda de todos y cada uno de nosotros, en particular de los líderes de instituciones, el mayor esfuerzo en busca de salidas que minimicen el daño al país.Para complicar más el panorama, la pasada primera vuelta electoral nos muestra, a través de las opciones más votadas en las diferentes zonas geográficas, lo dividido que está el país, una vez más. En efecto, en parte del territorio se opta por propuestas extremas; sin embargo, mal haríamos en criticar esas preferencias sin escuchar y sin tratar de entender sus razones. Es innegable que subsiste un sentimiento de exclusión en muchos peruanos, principalmente en aquellos que viven en regiones del sur y en zonas alejada. Estos ciudadanos perciben que el desarrollo económico no ha llegado a ellos, pues es verdad que ahí las carencias de servicios básicos, la ausencia de sistemas de salud y de educación dignos, y de infraestructuras de transporte aceptables son endémicas.