Por Alejandro Pérez Reyes, CFO de Credicorp y del BCP.Cuando hablamos de la expansión de la inversión privada en el Perú en los últimos 30 años, hay dos indicadores que cobran protagonismo: el PBI y la pobreza. Y con justa razón. En ese período, no solo hemos alcanzado niveles de crecimiento sin precedentes en nuestra historia, sino que la pobreza se redujo como nunca. Se pasó de casi 60% a 20,2% en el 2019 (la última medición, del 2024, la coloca en 27,6%), con la mejora en la calidad de vida de los peruanos que esto implica.Y aunque es importante que no perdamos de vista estas cifras para entender el efecto macro, hay otra historia que los números agregados no terminan de contar: la de los cambios concretos y cotidianos en la vida de millones de peruanos, que no podemos dar por sentados.Uno de los más relevantes tiene que ver con las comunicaciones y la conectividad, donde el ingreso de la empresa privada cambió por completo el panorama. A inicios de los noventa, de acuerdo con una investigación de Grade, en el Perú había apenas 2,6 líneas telefónicas por cada 100 habitantes y la espera para la instalación de una nueva línea alcanzaba los 118 meses. Tras la privatización de 1994, para 1998 la densidadhabíaalcanzadolas6,8líneasporcada100 habitantes y la instalación a tomar 1,5 meses.Hoy, más de 30 años después, y con el ingreso de más competidores al sector, la historia es aún mejor: el mercado móvil cerró el 2024 con 42,7 millones de líneas (más de una por habitante), con 99,3% de los hogares peruanos con acceso a celulares y 92,6% con acceso a Internet.