Por Martín Mejía del Carpio, director general de Cálidda.En los últimos años, en el debate sobre la masificación del gas natural han surgido dudas, comparaciones y preocupaciones en torno a dos caminos para llevar dicha energía hasta la puerta de las ciudades, que a veces se presentan como si fueran opuestos, pero que en realidad no lo son: el gasoducto sur peruano y el esquema de transporte virtual mediante cisternas; ambos asociados al proyecto impulsado desde el Ejecutivo, muchas veces licitado y que busca cumplir con la promesa de llevar el gas a las localidades del centro sur de nuestro país.Si bien ambos esquemas son por naturaleza distintos, ello no los convierte en competencia. Por el contrario, ambos tienen un objetivo común: que más peruanos accedan a una energía más económica, segura y eficiente. Por gasoducto o transporte virtual, el gas natural que se transporta es el mismo, con la misma calidad y seguridad, permitiendo acercarlo a las ciudades en beneficio de miles de familias, comercios, industrias y transportistas.Hace mucho existe una gran expectativa en torno al gasoducto, una obra de gran envergadura. Pero justamente por su escala y complejidad, demandará procesos constructivos que requieren de plazos extensos, por lo que su puesta en marcha tardará entre 5 a 7 años.Esperar por esa infraestructura, que es necesaria, no debería significar postergar un acceso más próximo a los beneficios que trae el gas natural. Ahí es donde el transporte virtual cobra sentido. Este esquema permite llevar esta energía mediante camiones especializados hasta plantas de almacenamiento en las ciudades, siendo imperativo para ello, independiente de la manera como llegue el gas a la entrada de las ciudades, construir las redes de distribución que pasarán frente a hogares, comercios, industrias y grifos. Las cisternas no reemplazan al gasoducto, pero permiten adelantar la llegada del servicio.