En menos de 24 horas, el Gobierno mostró una cadena de contradicciones difícil de sostener. El presidente interino, José María Balcázar, insistió en postergar aspectos de la compra de aviones F-16; los ahora exministros de Relaciones Exteriores y Defensa, Hugo de Zela y Carlos Díaz, afirmaron que el contrato ya había sido firmado; el presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, anunció desembolsos del MEF; y, horas después, el propio MEF confirmó una transferencia de US$ 462 millones. Y el primer ministro, Luis Arroyo, ratificaba que la adquisición seguía su curso. Una serie inacabable de inconsistencias y desaciertos.Pero los hechos se imponen: la Embajada de Estados Unidos indicó, la tarde de ayer en un comunicado, que hubo una firma técnica entre las partes autorizadas, la cual tuvo lugar el 20 de abril, con pleno conocimiento de los más altos niveles del Gobierno peruano. Pese a que ello ya había ocurrido, el propio presidente intentaba, durante la mañana, desconocer su adecuada implementación. Más allá de la pertinencia de la compra, la incapacidad del jefe del Estado para alinear a su propio Gobierno es preocupante. Bajo la conducción de Balcázar, el Perú ha transmitido señales contradictorias. Un detalle no menor es que el anuncio de desembolsos fue informado antes por el presidente del Congreso que por el Ejecutivo. En suma, el Ejecutivo no sabe cuidar sus canales institucionales.