A sus 88 años, doña Julia vio la luz por primera vez. En el caserío La Esperanza, en el centro poblado Insculas, distrito de Olmos, provincia y región Lambayeque, la penumbra marcó durante décadas el ritmo de sus días y sus noches.Hoy, esa realidad ha cambiado. Con la llegada de la energía eléctrica a su caserío, doña María puede extender su jornada hasta la noche, aprovechar mejor el tiempo y aumentar lo que lleva a casa.Su trabajo, antes restringido, empieza ahora a abrir nuevas posibilidades.