Por Roque Benavides, presidente del Comité Organizador del XVI Conamin.Los principales inversionistas en el Perú somos los propios peruanos. De toda la inversión en el país, el 20% es pública y el 80% es privada. Y la gran mayoría de la inversión privada está compuesta por las microempresas, pequeñas y medianas empresas, las cuales, día a día, apuestan por el país, generan empleo y sostienen la economía. La inversión extranjera es importante y bienvenida, pero no podemos dejar de lado a quienes ya están aquí enfrentando las dificultades cotidianas. Y justamente allí encontramos uno de los principales problemas estructurales: el exceso de trabas burocráticas. Hoy, para abrir un negocio o desarrollar un proyecto, los peruanos deben enfrentarse a procesos que pueden tomar meses o incluso años. Esta realidad desalienta la inversión y empuja a muchos hacia la informalidad.Por ello, urge simplificar el Perú. Facilitar la inversión es una necesidad para el desarrollo nacional. El Estado tiene que ser eficiente, moderno y orientado a resultados. Más allá de eliminar controles, se trata de hacerlos más ágiles, claros y predecibles.La minería es un claro ejemplo de lo que podríamos lograr si destrabamos el país. Contamos con una cartera de proyectos que supera los US$60.000 millones. Si estos proyectos avanzaran, podríamos elevar el crecimiento económico en dos o tres puntos porcentuales adicionales, pasando de crecer 3% a 8%, generando empleo y reduciendo la pobreza de manera sostenida.En el Perú, tenemos la primera mina digital del mundo, Quellaveco, en Moquegua. También tenemos la planta concentradora más grande del mundo, que es Cerro Verde, en Arequipa, porque la tecnología que se aplica en nuestro país es del Primer Mundo y lo que necesitamos es llamar la atención a nuestra industria minera, porque hay que aplicar esa tecnología eficiente. Y, por supuesto, esto tiene que venir acompañado por fiscalización del Estado.