Conforme la fecha de la primera vuelta electoral se acerca, la desesperación hace presa de candidatos y votantes. De los primeros, porque sus posibilidades de pasar a la segunda no levantan vuelo o se estancan; y de los segundos, porque no distinguen opciones a las que endosarles su respaldo con optimismo y esperanza. En el caso de los candidatos, tal desesperación se materializa en la repentina oferta de medidas descabelladas y populistas. O, para ser precisos, más descabelladas y populistas que las que ya venían haciendo a lo largo de la campaña. Un buen ejemplo de ello es la reciente promesa del aspirante presidencial de Ahora Nación, Alfonso López Chau, de indultar al golpista Pedro Castillo de llegar al poder. Mientras jugaba a ser la alternativa "razonable" de la izquierda, no lo decía. Pero ahora que, de acuerdo con las últimas encuestas de divulgación lícita, su intención de voto se encoge en tanto las de otros postulantes abiertamente castillistas crecen, no tiene empacho en abrazar esa causa, por reñida con la democracia que sea. Algo semejante, por lo demás, ha ocurrido con su disposición a cambiar la Constitución vigente. Lo que sea con tal de pescar el voto de los ilusos parecería ser la consigna.