Por Diego Cavero, CEO del BCP.La crisis generada hace unas semanas por la deflagración del ducto del gas de Camisea debe dejarnos algunas reflexiones. La primera, es sobre la capacidad que tiene el país de implementar medidas de contingencia. Nadie puede negar los esfuerzos que todos hacemos desde todos los sectores para enfrentar los momentos difíciles que vienen con situaciones imprevistas, pero tampoco podemos pasar por alto que el Perú ha demostrado que no siempre está preparado para lo peor. Es recién cuando esto ocurre que tomamos nota de los puntos débiles y buscamos soluciones. Camisea tenía un plan de contingencia a través de la construcción de varios loops que se dejaron de lado cuando se impulsó el gaseoducto del sur, que sería además la contingencia del sistema. Ambos quedaron en nada y el Perú se quedó sin plan de contingencia ante una crisis como la ocurrida.El corte de gas, en efecto, ha afectado a muchísimas familias y negocios. Experiencias como esta deben servir como aprendizaje sobre qué puede fallar, cómo prevenirlo y qué medidas se deben tomar para mitigar el efecto en las personas si es que el escenario se repite.La segunda reflexión quizás es un poco obvia a la luz de lo ocurrido y es el carácter transformacional de Camisea para nuestro país. Proyectos como estos deben ser prioridad para el Perú y debieran tener el apoyo de todo el espectro político.Camisea es un proyecto que sin la iniciativa privada hubiese sido casi imposible sacar adelante. Una iniciativa que tomo 20 años. Qué pena que, en cambio, salgan más rápido proyectos tan malos como el de la refinería de Talara, un capricho del más puro populismo que viene costando miles de millones, que bien pudieron ser usados en salud y educación.