Por Luis Alberto Arias Minaya, economista.El próximo domingo 12 de abril los peruanos acudiremos a las urnas para la primera vuelta de las elecciones. En días recientes, hemos escuchado las promesas de los candidatos presidenciales en los seis debates que fueron organizados por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). En general hemos escuchado una larga lista de promesas que incrementarían el gasto público: incrementos salariales, pago de la deuda social de los maestros, aumento de recursos para sectores sociales, entrega de bonos a la población, shocks de infraestructura.En cambio, han sido muy raras propuestas relacionadas con el financiamiento, es decir, de dónde se obtendrán los recursos para financiar todas las promesas de incremento de gasto público.Junto con ello, ninguno de los candidatos que aspiran a la presidencia y ninguno de los planes de gobierno ha presentado un análisis del estado en que el próximo Gobierno recibirá las finanzas públicas del país. Este es un tema que normalmente se deja para ser evaluado por las comisiones de transferencia una vez que tenemos presidente electo.Es importante que los ciudadanos que vamos a votar recordemos o conozcamos que existe un espacio fiscal muy limitado para incrementar el gasto público si es que no se realizan reformas necesarias en el campo fiscal que permitan incrementar los ingresos o reestructurar los gastos.El año pasado ingresos del gobierno fueron 231 mil millones y sus gastos llegaron a 261mil millones; dado que el resultado conjunto de las empresas estatales fue positivo en 4 mil millones, tuvimos un déficit fiscal de 26 mil millones de soles. Este monto fue equivalente a 2.2% del PBI, el techo que establecía la regla fiscal. Tenemos déficit fiscal pese a que los precios de los minerales están en niveles históricamente altos, cosa que no ocurrió en el boom anterior de precios de minerales.