En el tramo final de un proceso electoral sui generis marcado por el desgano de la ciudadanía, que mira de soslayo a su desacreditada clase política y se preocupa más en cómo cubrir la canasta familiar, otros agentes económicos también tienen sus propias tribulaciones.Liberales, conservadores, socialistas, centristas y radicales componen la amplia baraja de candidatos que pugnan por la presidencia, 35 aspirantes que atomizarán los comicios, cifra inédita que tendrá consecuencias en el equilibrio de poderes del quinquenio por venir, advierten los politólogos. Pese a su variopinta extracción, todos ellos tienen una base común que ha sido identificada por los analistas del mercado y del sistema financiero como uno de los principales riesgos de estas elecciones: el populismo.Esta tendencia, endémica en la política peruana, se empoderó y exacerbó desde el inicio de la pandemia, con Gobiernos sucesivos que, con cada vez menor respaldo en el Congreso, tuvieron que transigir con este y promulgar leyes dispendiosas del erario y, en algunos casos, nocivas (por ejemplo, la extensión del Reinfo en la minería).