EL CUENTO DE QUE ALGUIEN MÁS PAGA LA CUENTA
5 de abril de 2026

Por Luis Miguel Palomino, presidente del IPE.Cuando consideramos muchas de las promesas hechas por varios de los candidatos y las comparamos con lo que realmente es posible, existe una enorme e infranqueable brecha. Esta se explica, simplemente, porque la suma del costo de las promesas de cada candidato arroja una cifra imposible de cumplir, incluso si uno profesa un optimismo extraordinario. Es claro el motivo que tienen los candidatos para hacer esto: quieren poder ofrecerles algo atractivo a todos sus potenciales electores. Total, piensan, cada uno se fijará en el regalo que le toca a él y nadie se va a poner a sacar la imposible cuenta total. Todos los candidatos que lideran en las encuestas son culpables, en mayor o menor grado, de este problema. Los ofrecimientos más frecuentes son generalmente o de aumentos de sueldos y pensiones o de abundantes obras (escuelas, carreteras, hospitales, etcétera). A todos nos gustaría ver fuertes aumentos de sueldos en el sector público hasta que recordamos que esos aumentos los pagamos nosotros. No se engañe: usted sí lo paga. La fuente más importante de recaudación tributaria es el impuesto general a las ventas, que todos pagamos diariamente. Igual con las obras: ¿quién se opondría a una escuela, hospital o carretera nueva si no tuviera que pagarla? Cuando tenemos que pagarlo con nuestro dinero, ahí sí nos ponemos juiciosos. Con la plata ajena somos dadivosos, pero con la propia, por más patriotas que seamos, debemos pensarlo muy bien. Esa debería ser siempre la actitud ante el gasto público. Mayores sueldos, claro que sí, cuando demuestren que se lo merecen -por ejemplo, con mejoras en resultados de los docentes-. Obras también, siempre que no terminen abandonadas a medio hacer, como ocurre con casi la mitad de las obras públicas (como nos demostró recientemente el Banco Mundial). O que al final cuesten cuatro veces lo que se planteó inicialmente, como la refinería de Talara y tantos otros casos. (Edición domingo).