Por Jaime Ruiz Bejar, decano del Colegio de Ingenieros del Perú.El reciente incidente que afectó el transporte de gas natural hacia el sur del país volvió a evidenciar una vulnerabilidad estructural que el Perú no puede seguir postergando: la dependencia de un único sistema de transporte de gas. Más allá de la preocupación por el abastecimiento y el alza de precios, el problema revela una debilidad en la seguridad energética nacional.El gas natural es hoy uno de los pilares de la matriz energética peruana. Su uso se ha expandido en la generación eléctrica, la industria, el transporte y los hogares. Sin embargo, dependemos esencialmente de una sola infraestructura para trasladarlo desde Camisea hacia los principales centros de consumo. Cuando esta enfrenta interrupciones, el impacto se extiende rápidamente a la economía y a la vida cotidiana de millones de personas.Esta situación refleja la ausencia de un principio fundamental en sistemas energéticos modernos: la redundancia de infraestructura. Contar con rutas alternativas o sistemas de respaldo que aseguren la continuidad del suministro ante contingencias. En países con planificación avanzada, la seguridad no depende de una única línea, sino de redes interconectadas capaces de responder ante fallas. En el Perú, este debate no es nuevo. Proyectos como el Gasoducto Sur Peruano buscaban diversificar la infraestructura energética, pero decisiones postergadas y la falta de continuidad en políticas públicas han frenado su desarrollo. La seguridad energética debe asumirse como política de Estado.