La mañana del 23 de junio del 2020 -en plena pandemia del COVID-19- el guardián de la sede del Ilustre Colegio de Abogados de Lambayeque (ICAL) encontró una escena extraña al abrir las puertas del local institucional: oficinas abiertas, un ligero desorden y las llaves en un lugar diferente al que las dejó la noche anterior.Poco antes, durante la madrugada, desconocidos habían ingresado al edificio sin forzar puertas ni ventanas. El objetivo no apuntaba al robo de equipos. Según la denuncia policial a la que accedió El Comercio, lo que se buscaba era robar todalainformaciónalmacenadaen las cuentas contables del colegio."La solicitante [denunciante] indica que al parecer los hechos solo se habrían producido con la finalidad de obtener información contable del colegio", se consignó en la denuncia policial.Esos registros contables eran vitales -según fuentes consultadas- porque de ahí desprendía todo lo relacionado a los depósitos realizados por las colegiaturas y diplomados ante la dirección del ICAL, que estaba a cargo del entonces decano José María Balcázar, hoy presidente de la República.