Por Jorge Zapata Ríos, presidente de la Confiep.La literatura universal ha recreado mentes de personajes que, intentando hacer daño a ocasionales adversarios, van sumergiéndose, ellos mismos, endecadenciassuperlativas.el gitano Heathcliff, personaje de la novela Cumbres Borrascosas, puede ser un buen ejemplo de ese extremo psicológico.Con una dosis de realismo alguien podría afirmar que no es necesario trasladarnos a la ficción literaria y a siglos pretéritos para escrutar conductas autodestructivas, cuando en nuestros tiempos abundan dichas prácticas. Y es verdad, el ejemplo más elocuente lo tenemos en nuestra sufrida nación y su inefable Congreso; pero, si bien el proceder de un cuerpo legislativo que destituye -presidentes de la República- sin tener idea de quien sería su reemplazante podría encajar en una conducta producto de un aparente desorden mental, mi humilde punto de vista se inclinaría por descartar la teoría de la pérdida de juicio.Por el contrario, me animo a presumir que el juicio está en sus cabales, sólo que tiene un sesgo absolutamente marcado por el beneficio personal y crematístico; aunque, finalmente, un juicio tan exclusivamente orientado hacia esas dos prioridades también podría ser digno de una tesis psiquiátrica; considerando, adicionalmente, que sus protagonistas son plenamente conscientes de que el destino de su conducta no es otro que el abismo.