El deplorable estado de la salud pública peruana tocó un nuevo fondo. El ministro de Salud, Luis Quiroz, y el presidente ejecutivo de Essalud, presentaron sus renuncias esta semana, debido a la intensificación de las críticas por la deficiente gestión de ambos, así como por denuncias de copamiento de puestos -los dos están ligados a Alianza para el Progreso-. Al parecer, el detonante de las salidas fue el desabastecimiento de insulina, que es vital para los pacientes de diabetes tipo 1. El problema surgió a inicios de este mes, pero recién el lunes, el Minsa anunció la compra "urgente" de 47,000 unidades. Ayer, Essalud se sumó con 22,433 unidades. Son 20,000 personas en todo el país cuyas vidas dependen de la insulina que administran los establecimientos esas entidades.¿Cómo es posible que un medicamento esencial escasee? Pues en el Perú, es muy posible. Es una muestra más de las deficiencias de la salud pública en nuestro país, en particular, en la atención primaria, que en muchos lugares es prácticamente inexistente. Acceder a un servicio de salud de buena calidad no es un derecho sino un privilegio, exclusivo para quienes cuentan con ingresos suficientes. Es el caso del congresista y candidato Roberto Sánchez, quien hace tres semanas en gira de campaña, se descompuso en Caravelí (Arequipa), pero dada la limitada capacidad de su centro de salud, fue evacuado a Atico y, luego, al hospital de Camaná. De ahí, enrumbó a una clínica privada en la Ciudad Blanca.