Por Martha Meier M.Q.Una llamarada rompió la oscuridad de la selva cusqueña y el cielo se encendió sobre el distrito de Megantoni. Uno de los tubos transportadores del gas de Camisea explotó. En cuestión de horas, centrales termoeléctricas quedaron paralizadas, los precios de la producción eléctrica subieron y en los grifos empezaron las largas colas de taxis, combis y camiones, y el desabastecimiento de balones de gas.Con el gas de Camisea se genera cerca del 40% de la electricidad del Perú, para millones de hogares y decenas de industrias. Un problema en ese sistema de transporte energético que cruza los Andes desde la selva del Cusco hasta la costa genera caos y pérdidas a los usuarios. Camisea cambió la matriz energética y permitió sustituir combustibles importados por gas natural nacional.La historia de Camisea no es solo de ingeniería sino también de poder y decisiones políticas. En ese ecosistema aparece Pedro Pablo Kuczynski, PPK, dos veces ministro de Alejandro Toledo y expresidente del Perú, uno de los tecnócratas y lobistas más eficientes de las últimas décadas.(Edición sábado).