Por Víctor Fuentes, gerente de Políticas Públicas del Instituto Peruano de Economía (IPE).Marzo nos pega el bolsillo por tres frentes: interrupción local, petróleo más caro y un dólar más fuerte. Y el fenómeno de El Niño asoma como amplificador. El primer golpe es local: el racionamiento de gas en Lima y Callao tras un accidente. La prioridad ha sido lógica: hogares y el GNV que mueve transporte masivo. Pero el ajuste recayó sobre generadoras eléctricas, industria y otros transportistas a GNV, que consumen cerca del 90% del gas del país.El segundo golpe viene de fuera. El conflicto en Medio Oriente pone el foco en el estrecho de Ormuz, por donde circula alrededor de una quinta parte del comercio global de petróleo y gas natural. Si el tránsito se complica, el Brent se sostiene por encima de US$80. En buen cristiano: justo cuando el país necesita sustituir temporalmente gas, el mundo encarece los sustitutos. El tercer golpe es el dólar. El martes 3 de marzo, el tipo de cambio subió 1,6% y registró su tercera mayor subida diaria de los últimos cinco años luego de la segunda vuelta de las elecciones de 2021 (1,76%) y el primer mensaje presidencial de Pedro Castillo (3,62%). Con un mayor riesgo global, el dólar se fortalece (el tipo de cambio sube) y la factura de importar combustibles se encarece dos veces: por el barril y por el tipo de cambio.