El precio de los combustibles vuelve a encender las alarmas y se convierte en un nuevo golpe para el bolsillo de los peruanos. El año arranca cuesta arriba. En cuestión de días, el costo de algunos derivados ha empezado a escalar y el impacto ya se siente en los grifos.Detrás del alza no hay una sola causa, sino una combinación explosiva: lluvias que han complicado la logística de abastecimiento y la delicada situación financiera que atraviesa Petroperú.El 2026 comienza con señales inquietantes. En un país altamente dependiente del consumo de combustibles, cualquier incremento en el precio del petróleo no se queda en las estaciones de servicio.Se traslada al transporte, al costo de distribución y, finalmente, a los productos de la canasta básica familiar. Cuando el combustible sube, todo sube: desde el pan hasta las verduras, desde el pasaje urbano hasta el flete interprovincial.