Por María Rosa Villalobos, editora de Economía y Día1 de El Comercio.El enorme problema que representa Petro- Perú para las finanzas públicas tomará tiempo en resolverse. El cambio de autoridades es un primer paso; sin embargo, la voluntad política juega un rol tan importante como la elección de los perfiles para los altos mandos de la estatal. Demás está decir que la gestión de Petro-Perú ha estado tomada por decisiones antojadizas y en primera persona. Si bien hay trabajadores probos y correctos, el accionar de la empresa en su conjunto ha demostrado que el despilfarro y la mala gestión han primado.Las nuevas autoridades, en poco tiempo, han demostrado que hay interés en hacer las cosas bien y en avanzar a pesar de la resistencia que existe dentro de la estatal. El plan de reducción de personal y la nueva estructura propuesta para la empresa es prueba de ello: más de 950 trabajadores dejarán la estatal en forma progresiva.Hasta el momento la convicción es convincente pero entonces, ¿qué preocupa?Además del tiempo para implementar estos cambios, preocupa la capacidad que tendrían otras personas para retroceder en todo lo avanzado. Es importante que las autoridades ejecuten los planes, pero también que dejen candados, por escrito, que eviten que la empresa caiga en una gobernanza débil y manipulable.Paralelamente, Proinversión comentó la semana pasada que busca diversas fuentes de financiamiento para generar capital de trabajo para Petro-Perú. Así, se sumaría a esta historia de forma protagónica la banca privada internacional.