Y de pronto, entró en escena y abrió la boca. Entre todas las causas que a los peruanos les hubiera gustado que defendiera, el defensor del pueblo, Josué Gutiérrez Cóndor, emergió de su siesta burocrática para pronunciarse en favor de la calamitosa empresa estatal."Petroperú no está en quiebra, necesita ser protegido", "Petroperú y propiamente la refinería de Talara nunca estuvo en quiebra", "Es falso que Petroperú haya recibido 17,141 millones como producto de rescate o algo parecido" etcétera, etcétera.Como si fuera un pozo de petróleo en plena erupción, este personaje soltó un chorro negro de lindezas verbales que no resisten el menor análisis. Exmilitante del Partido Nacionalista de Ollanta Humala, exabogado de Vladimir Cerrón -por quien ha expresado su respeto en más de una oportunidad- y elegido para el cargo gracias a una alianza de Perú Libre con Fuerza Popular en el Congreso, Gutiérrez se permitió lanzar públicamente una catilinaria estatista sin ninguna base en la realidad económica, ni de la empresa ni del país.Proclamó que Petroperú se encontraba afrontando una crisis provocada por "malos trabajadores" y "decisiones adversas", por ejemplo, de la actual ministra de Energía y Minas, y justo cuando "se encontraba saliendo de su crisis, mejorando respecto a la suma de dinero en pérdidas que afrontaba" se le habría abandonado (cortándole las continuas inyecciones de dinero, por supuesto): un delirio pocas veces visto en la política nacional.