El expresidente Pedro Castillo encarna una paradoja: todos lo vimos atentar contra el orden constitucional en el mensaje que dirigió al país el 7 de diciembre del 2022 y ha sido sentenciado por el Poder Judicial por eso mismo a más de 11 años de cárcel, pero sigue conservando cierto grado de popularidad en determinados sectores de la población. Sectores que, o bien niegan la realidad porque ven en él más una bandera de lucha que un delincuente de carne y hueso, o bien la aceptan, pero consideran su malogrado golpe ‘peccata minuta’. Existen también, por supuesto, aquellos que en su fuero interno saben que el ‘putsch’ fue efectivamente puesto en marcha -que fracasase por factores externos es harina de otro costal- y que tal crimen está lejos de representar una falta menor, pero se hacen los desentendidos porque quieren capitalizar las simpatías que todavía convoca el exmandatario.