Por Enzo Defilippi, profesor principal de la Universidad del Pacífico.Durante las últimas semanas, los precios de los metales han experimentado una verdadera ruleta rusa. El oro y la plata alcanzaron un pico de US$5,426 y US$116 por onza la semana pasada, incrementos de 35% y más de 100% desde fines de noviembre. Con el cobre ocurrió algo parecido. La semana pasada se cotizaba a US$6.48 por libra, un 24% por encima del nivel de fines de noviembre. Este comportamiento se debió a un cambio de expectativas sobre la política monetaria estadounidense. Durante buena parte del 2025, el mercado asumió que, pese a mantener tasas de interés de referencia elevadas, la Reserva Federal tendría dificultades para sostenerlas por un período prolongado, dada la persistencia de la inflación, el alto déficit fiscal de los Estados Unidos y el elevado volumen de deuda por refinanciar. Ese escenario redujo el costo de oportunidad de mantener activos que no generan rendimiento financiero, como el oro y la plata, e impulsó su precio. En paralelo, el cobre se benefició de expectativas de mayor inversión en infraestructura, electrificación y transición energética. El resultado fue un fuerte reposicionamiento de los portafolios de los inversionistas hacia los metales, lo que empujó los precios al alza de manera rápida y sincronizada.La caída, como ocurre con las montañas rusas, fue abrupta. Al final del lunes 2 de febrero, la cotización del oro había caído más de 9%, la de la plata 25% y la del cobre, más de 13%. El detonante fue el cambio en las expectativas monetarias, acentuado por la decisión de Donald Trump de nominar a Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal.