Por Gabriel Daly, gerente general de la Confiep.En ciertos círculos empresariales y mediáticos se insiste en que el Perú necesita un gobierno `fuerte" -por no decir autoritario- de derecha. La fórmula suena rotunda, urgente, casi obvia. Pero, como toda consigna demasiado simple, encubre una complejidad que conviene desmenuzar: ¿qué significa, en concreto, reclamar un `gobierno fuerte" y cuáles serían sus consecuencias?La `fortaleza" puede nombrar dos cosas casi opuestas. Puede aludir a la capacidad del Estado para hacer cumplir reglas impersonales, previsibles y aplicables a todos. O puede referirse a la disposición a concentrar poder para torcer esas reglas cuando estorban. En el primer caso hablamos de un Estado moderno, con instituciones que funcionan. En el segundo, de un atajo: un Estado capturado. No es lo mismo un gobierno que ordena a través de instituciones que uno que`ordena" debilitándolas.Para algunos, el pedido nace del temor a que un eventual gobierno de izquierda reabra heridas aún recientes: las expropiaciones del gobierno de Juan Velasco Alvarado, los desajustes macroeconómicos del primer gobierno de Alan García o la retórica incendiaria del siglo XXI. Son miedos comprensibles, aunque no siempre bien canalizados. El riesgo de un giro populista existe; la pregunta es si la respuesta será institucional (más reglas, contrapesos y predictibilidad) o personalista (más poder concentrado en una figura que promete `orden" debilitando instituciones). Y no siempre el miedo es inocente: a veces no se teme el desorden, sino a perder privilegios construidos en un entramado donde la cercanía al poder -y no la productividad- opera como ventaja competitiva.