Por Raúl Benavides. En el debate público peruano aparece con frecuencia una crítica recurrente: exportamos materias primas sin procesar y, por ello, no obtenemos el máximo beneficio de nuestros recursos naturales. En épocas de campaña electoral, este argumento suele intensificarse, especialmente cuando se habla de minería. Como minero, observo con interés otros sectores productivos, en particular la agricultura. Esa comparación me llevó a una reflexión durante una reunión en la Cámara de Comercio de Piura, donde surgió la pregunta de por qué proyectos como El Algarrobo no generan mayor valor agregado produciendo metal en lugar de concentrados. Para responder, planteé una interrogante sencilla a la audiencia: ¿qué genera mayor margen, exportar fruta fresca o transformarla en mermelada? La respuesta fue clara y, para muchos, contraintuitiva: la fruta fresca deja mayores márgenes que la mermelada, a pesar de que esta última implica procesos industriales, costos adicionales y envasado. Entonces, cabe preguntarse: ¿cuál de las dos alternativas hace un mejor uso del recurso? Algo muy similar ocurre con los concentrados mineros. En numerosos casos, vender concentrados resulta más rentable que invertir en fundiciones y refinerías. El mercado mundial del cobre ofrece hoy un ejemplo elocuente: existe una sobrecapacidad de fundiciones que ha llevado a que los costos de tratamiento y refinación -las llamadas maquilas- sean incluso negativos para los productores de concentrados. (Edición sábado)