Por Alberto Arispe. El precio del cobre viene subiendo sostenidamente desde hace años. Entre el 2000 y el 2010, tuvo una espectacular subida y fluctuó entre US$ 0.60 y US$ 4.38 la libra. Entre el 2011 y el 2020 fluctuó entre US$ 1.96 y US$ 4.62 la libra. Y entre el 2021 y el 2025 entre US$ 3.25 y US$ 5.71 la libra. Hoy supera los US$ 6.0 la libra. Claramente el precio va hacia arriba, con serruchos y caídas de corto plazo, pues siempre existe volatilidad en los precios en un mercado líquido y dinámico. La demanda por cobre va al alza de la mano con el crecimiento económico global, liderado por China (50% de la demanda global), desde hace décadas. El cobre se usa mucho para electricidad, electrónica, infraestructura, construcción, cableado, aleaciones y hoy en día para atender a la creciente demanda de los centros de datos para la IA. No hay bienes sustitutos a la vista. El cambio hacia una matriz energética más amigable al medio ambiente ya viene ocurriendo y se acentuará en el 2026-2035. Pero son los problemas de oferta los que están moviendo los precios al alza. Y esos problemas no son de corto plazo, son estructurales. Cada vez es más difícil y toma más tiempo, y, por tanto, es más costoso, explorar, encontrar recursos, transformarlos en reservas y explotar esas reservas. Ello limita tremendamente el crecimiento sostenido de la producción y de las reservas, lo cual impide que la oferta pueda crecer a la misma tasa que la demanda.