Por Luis Miguel Castilla. La verdadera lección para el Perú -y para América Latina- es que los países no se reconstruyen con rentismo y autoritarismo, sino con instituciones sólidas, y con menos demagogia y populismo". La reconstrucción económica de Venezuela depende de la recuperación de su industria petrolera. Suena lógico en una economía que siempre vivió alrededor del crudo. Pero esa realidad es, también, la trampa que ha bloqueado el progreso venezolano en cada ciclo de bonanza. Hoy, con la hipótesis de una tutela estadounidense sobre el proceso político y económico, y con el presidente Donald Trump alentando una reactivación petrolera con especial participación de grandes empresas estadounidenses, es importante advertir que no existe reconstrucción petrolera sostenible sin reconstrucción institucional. Y, claramente, lo segundo es más desafiante que lo primero. Referentes venezolanos lo han expresado con contundencia. Para Ricardo Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard, la paz y la prosperidad de Venezuela dependen del restablecimiento de la democracia y la reconstrucción de instituciones, no de un "atajo" petrolero. Su argumento central no es ideológico, sino económico: el recurso genera renta, pero también puede intensificar la corrupción, la captura del Estado y fragilidad macroeconómica si la política no garantiza credibilidad. Francisco Monaldi, experto energético de la Universidad de Rice, coincide desde el terreno operativo: recuperar producción requiere tiempo, capital masivo y condiciones contractuales creíbles.