El anuncio del Ministerio de Energía y Minas respecto al impulso del gas natural en el transporte -urbano, interprovincial y de carga pesada- llega en un momento crucial para el país y el mundo. La lucha contra el cambio climático y el calentamiento global exige acciones concretas, sostenidas y articuladas. Y uno de los terrenos donde esta batalla puede generar impactos más rápidos y visibles es, precisamente, el sector transporte, responsable de una proporción significativa de las emisiones contaminantes en las ciudades. El ministro Luis Bravo de la Cruz ha planteado, con claridad, la necesidad de avanzar hacia una matriz energética más limpia y moderna, que reduzca la dependencia de combustibles tradicionales y permita aprovechar de manera eficiente un recurso estratégico que el país produce: el gas natural. No se trata solo de un cambio tecnológico, sino también de un giro estructural que tiene implicancias económicas, ambientales y sociales. El uso del gas natural en el transporte genera beneficios de amplio alcance. Por un lado, constituye un combustible significativamente más económico que el diésel o las gasolinas tradicionales, lo que representa un ahorro directo para miles de transportistas, empresas de carga y ciudadanos. Por otro, produce menores emisiones de CO2, material particulado y gases tóxicos, lo que contribuye a mejorar la calidad del aire y reduce enfermedades respiratorias que afectan a miles de peruanos, especialmente en zonas urbanas densas.