La situación crítica y de virtual quiebra en Petroperú ha calado ya en la ciudadanía, que sigue el tema con genuina preocupación. Con las montañas de dinero que está costándole al país, a los contribuyentes, no podía ser para menos. Una encuesta de Ipsos que publica hoy Perú21 es asaz elocuente. Más del 80% de peruanos hubiese preferido que el apoyo millonario que le ha dado el Estado en los últimos 12 años (24 mil millones de soles) se destinara a educación, salud o seguridad. Y, por otro lado, la mayoría cree que la empresa, así como está ahora, que no puede pagar ni las deudas a sus proveedores, debe ser vendida o liquidada. Y aun así, las bancadas populistas en el Congreso insisten en alargarle la vida, una vida que, por cierto, solo parecen disfrutar sus ejecutivos y trabajadores privilegiados (más de 80 gollerías fuera del sueldo). En el hemiciclo de la plaza Bolívar se acaban de presentar sendos proyectos de ley que apuntan a la derogación del Decreto de Urgencia -que dispone su reestructuración- bajo argumentos totalmente errados y tramposos. Demagogia de la peor especie y, desde luego, cero propuestas técnicas serias de solución para la sostenibilidad de la petrolera, a todas luces inviable. Víctor Fuentes, gerente de Políticas Públicas del Instituto Peruano de Economía (IPE), recordó una verdad rotunda como roca: "Petroperú pierde 1,000 dólares por minuto", para explicar que cualquier rescate en el corto plazo iba a demandar recursos adicionales del Estado.